¿Despertar?
No gracias...prefiero soñar...
Empapado en el agobio que durante la noche me había perseguido, con el curioso sentimiento de cada mañana, relajado sobre mi cama, de tratar de recordar lo vivido y recrearlo en mi memoria, un extraño pensamiento se coló en mi conciencia.
¿Cómo tratar de recordar algo, que ni siquiera hemos vivido?
¿De donde surge esa perfecta claridad de los sueños que nos hace perdernos por laberínticos caminos que no conducen a ningún sitio?
¿Dónde se encuentra el por qué de esta actividad tan apasionante?
Casi todo momento en el que nos encontramos lúcidos, nuestro cuerpo piensa… para resolver un problema matemático, encontrar el camino más rápido para llegar a nuestro destino etc.
Me llaman la atención aquellos pensamientos que no requieren de ninguna información física para poder desenvolverse. Hablo de las reflexiones, de los sentimientos (pues al fin y al cabo es una idea que se aferra a nuestra conciencia y nos transmite una serie de sensaciones), de los miedos…etc.
Usualmente trato de generar un pensamiento (sea cual sea), y cuando éste se está llevando acabo, centrar mi atención sobre el, algo apasionante si nos percatamos de que estamos realizando dos acciones al mismo tiempo de carácter mental. Generas un pensamiento y a su vez tratas de analizarlo, eres consciente de que está ahí, pero no puedes darle ubicación, no puedes asignarle unas características físicas como las que se les dan a todo lo que en este mundo yace.
No voy a tratar de dar solución a esto, pues ni siquiera se trata de un interrogante, quizás solo sea una forma de analizar lo que se nos presenta.
Pretendía hablar sobre el “bien” y el “mal” algo muy común a todos los hombres, y que durante toda la historia de la filosofía se ha estudiado. Por una razón o por otra, este pensamiento que trataba de reflejar me ha conducido a una reflexión totalmente diferente a la que en un principio se planteaba, lo cual indica que nuestra capacidad de reflexión no tiene fin, y puede venir inspirada en el momento más inesperado.
No dejar pasar ante nosotros aquellos enigmas que nos auto planteamos es algo a lo que cada vez más importancia trato de darle, pues solo somos pensamiento, solo somos una idea.